Minipropósitos

La idea clave de este blog: Avanza a través de pequeños propósitos. ¿Cómo decidir cuáles? ¿Cómo organizar todo lo que tenemos en nuestra cabeza? Abajo desgloso:

Hablando con la gente descubro que solo cuando comunican las ideas que tienen en su cabeza es cuando de verdad las asientan. Porque tratan de hacerse entender, gesticulan con las manos, ponen metáforas, ejemplifican, cuentan historias que nos conectan a nivel emocional, etc. Sin embargo, suele pasar que en nuestros propios pensamientos nos perdemos. Y solo cuando tenemos la necesidad de transmitir lo que sabemos o creemos saber es cuando realmente ordenamos la información.

Le estuve dando vueltas a la frase "Si quieres a alguien, le cuidas, ¿por qué no vas a cuidarte tú mismo ya que te quieres a ti mismo?" Y luego la extrapolé: ¿Por qué si soy capaz de transmitir ideas a un amigo no soy capaz de transmitírmelas con la misma claridad a mí mismo? Y de ahí nació el grabarme audios de voz mientras camino para luego sentarme a escribir blogs. Al escribir se ordenan las ideas, al grabarte audios de pensamientos en voz alta se ordenan las ideas.Igual que cuando lo hacemos con los demás.

¿Y esto qué tiene que ver con los minipropósitos? Pues que mucha gente se siente perdida. No sabe lo que quiere. Pero sí sabe lo que no quiere. Sabe a dónde no quiere volver. Y ahí, tirando del hilo, se pueden tomar decisiones que nos lleven a los hábitos que más nos alejen de ese punto en el que no queremos estar. Quizá no sepamos nuestro propósito pero sabemos darle la vuelta y tener muy claro dónde no queremos ir.

Por otro lado, a veces surgen problemas mayores a los que debemos atender y todo lo demás pierde fuerza. Cuando tenemos un problema de salud, toda nuestra energía va enfocada en sanarnos, lo demás puede esperar.

Mi propósito ahora mismo es llegar con la mayor masa muscular posible en las piernas para que se me haga más amena la recuperación tras la operación que no sé cuándo llegará.

A raíz de eso pasaron muchas cosas: Me cuestioné cómo puedo comer mejor ahora que no puedo hacer tanto deporte, me cuestioné qué ejercicios puedo hacer y cómo aplicarlos, me cuestioné cómo abordar mi dolor de la forma más saludable posible, me cuestioné como gestionar las emociones sin un deporte donde descargar la rabia o la tristeza. Y todas estas preguntas fueron desembocando en minipropósitos.

Aprendí a comer mejor metiéndome en un curso para aprender a llevar una alimentación basada en plantas.
Aprendí a dejarme llevar por un fisio que me indicase qué hacer (apartando mi ego de todo lo que creo saber sobre el fitness).
Aprendí que tengo que cambiar mi identidad para sobrevivir: no soy una persona que cada semana puede hacer más pasos hasta al final llegar a correr, soy una persona que, debido al dolor, hace lo que puede con lo que tiene y se esfuerza mucho más para conseguir la mitad de resultados que antes; pero si me enfoco en el ahora: estoy dando todo lo que tengo y de eso no me arrepiento, nunca.
Aprendí a gestionarme mucho mejor las emociones sin necesidad de un deporte que me alejara de los malos pensamientos y para ello fui desglosando las cositas que me hacían sentir mejor. Entre ellas estaba escribir. Plasmar toda mi filosofía de vida y mi replanteamiento. De esta forma podía no dar la chapa a nadie y, a su vez, ordenar mis propias ideas. Con la intención de calmar mi mente y, de paso, ayudar a calmar mentes ajenas al comprender que no estamos solos con nuestras ideas alocadas. Que en un mundo de inmediatez de estímulos todos tenemos pensamientos que vamos tapando hasta normalizar el ruido. Y el estrés nos acaba comiendo. Como cuando se apaga la campana del extractor de aire y suspiramos: "qué paz ahora".

Así me siento al escribir. Y si tuviera que hablar de encontrar nuestro propósito cuando estamos perdidos yo recurriría a esos momentos donde nos hemos sentido mejor. ¿Cómo nos comportábamos y cómo pensábamos en nuestros mejores momentos? ¿Qué actividades nos hacían disfrutar?

¿Os ha pasado que alguna vez, hablando con una amistad o con tu pareja, encadenáis ideas y os sale una charla fluida que no sabéis ni cómo ha surgido? Imagina poder plasmar esos momentos, tener eso atesorado en un audio de voz o que tu persona de confianza te lo recuerde cuando estás hundido. Imagina escribir o grabarte notas de audio cuando estás en un momento más optimista ante la vida. Imagina escuchar o releerte cuando estás de bajón. Imagina rebatirte entonces. Imagina volver a rebatirte cuando vuelves a estar en alza. Imagina ir mejorando tus argumentos. Y esto pasa cuando te pones a escribir y a reflexionar o cuando alguien nos recuerda quiénes somos en nuestros mejores momentos. Porque esas personas nos ven desde fuera igual que pasa cuando nos dejamos llevar por pensamientos intrusivos y nos olvidamos de todo lo que hemos avanzado. Necesitamos recordar por qué empezamos, nuestro propósito inicial. Y si no es lo suficientemente fuerte como para adoptar una nueva identidad, reforzarlo con microhabitos para ser la persona que queremos ser, o en su defecto, alejarnos de la que no.

Primero viene la acción y luego la corrección. Si esperamos a la motivación para hacer algo apenas tendremos unos días al mes de luz: de entrenar o de escribir o de lo que quiera que nos haga felices. Si esperamos a tenerlo todo perfecto no empezamos. Lo perfecto es enemigo de lo bueno. Si hubiera esperado a decorar este blog, para días me pongo a escribir. Simplemente haz, ya corregirás y aprenderás por el camino. Y esto lo he visto reflejado mucho en videojuegos donde vamos cometiendo errores, pero es que si no, no aprendemos. Es más fácil aprender cuando un error te marca que si nunca fallas debido a tener suerte. La de veces que alguien supera alguna pantalla en un juego sin entender su mecánica y luego cuando la cosa se complica, carece del aprendizaje previo para salir airoso o incluso se pierde la historia que el juego quiere transmitir por menospreciar detalles. Es solo un ejemplo, como si quieres ayudar a tu padre que, me lo invento, tiene dolor de rodila permanente y empiezas a buscar la información que haga falta para poder aplicarla lo antes posible. Ahí se aprende de verdad, se ve un problema que nos afecta emocionalmente, buscamos soluciones y las aplicamos. Ahí, justo ahí, cuando aplicamos lo que aprendemos es cuando crecemos.

Chikarada, yukida, shinenda.

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