¿A qué precio?

El resumen de este blog es la pregunta ¿Qué estamos perdiendo por no actuar ahora? Y ya está. Con esa pregunta tiras millas, pero acompáñame a desglosarla un poquito.

Sé que es abrumador pensar en el montón de opciones que tenemos en la vida. Por eso es mejor decidir bajo un criterio. Hoy en día con la IA tenemos a nuestro alcance la capacidad de hacer resúmenes de este mismo blog por si te da pereza leerme y prefieres algo esquemático, tenemos formas de optimizar la escritura o de hacer que nos genere una imagen o una canción. Pero si alguien ha estudiado música sabrá qué decirle exactamente a la IA para que genere algo con sentido y ahorre faena. Se necesita criterio. Y a la hora de tomar decisiones pasa lo mismo.

Ya no es solo "quiero adelgazar" y que la IA me prepare un entrenamiento. Sino saber qué necesitas realmente y ver como las nuevas herramientas pueden facilitarte el camino. Y voy más allá ¿Has adoptado la identidad de una persona que entrena? ¿O solo sigues una rutina de IA y mirando la báscula como única medida de control? Es que cuando vienen mal dadas se va todo a la mierda si no tienes una identidad apropiada para el propósito que quieres cumplir.

Nos movemos según nos da el aire, por eso en los gyms hay temporada alta a inicios de enero y 3 meses antes de verano y a la vuela de vacaciones y luego los casos puntuales de "estar como un pincel para las comuniones". Ya. Todos hemos pasado por ahí. ¿Pero había identidad? No. Solo reaccionábamos a lo que nos pasaba sin mirar más allá. Sin pensar a 2 o más años vista.

Las decisiones que meditemos ahora, podrían ser los hábitos que forjarán nuestras nuevas identidades. Esto es potente. Si tenemos claro nuestro norte, o al menos nuestro sur, no nos dejaremos llevar según sople el viento. Si pensamos en las decisiones calmadamente podremos dejar de decidir cosas y liberar al cerebro de eso para centrarnos en el siguiente punto. Ya no tengo que decidir si voy al gym o no porque anoche me dejé preparada la mochila con la ropa y tal cual salgo del trabajo encauzo un hábito con otro y tiro sin pensar. Ya no tengo que mirar qué yogurt es más sano o más barato si ya lo he analizado en el pasado y he visto cuál lleva más proteínas y la relación calidad/precio. Si elimino ese ruido de microdecisiones me centro en lo siguiente.

Y esto me lleva a pensar que todas aquellas decisiones que no queremos meditar, que hacemos sin pensar, que llevamos años arrigados en hábitos insalubres o que simplemente nos hacen quedarnos igual que estábamos tienen un precio muy alto. ¿Qué hubiera pasado si no me hubiese apuntado a fuertafit entonces? ¿Si no hubiera tomado acción en su momento? ¿Cuánto tiempo habría perdido buscando soluciones mágicas sin aprender un verdadero criterio para saber qué ejercicios me sirven y cuáles no?

Llega un momento en el que me especializo en tener más criterio para tomar mejores decisiones. Y rebatirme ese criterio una y otra vez. Porque cada vez que lo he hecho he salido mejor parado. Más resiliente ante caídas y mejor prevención ante los golpes.

Así que cada vez que vayamos a hacer algo sin pensar conviene cuestionarse: ¿Esto me llevará a un hábito que me acerca o me aleja de mi propósito? ¿Qué precio tiene no tomar acción ahora? ¿Qué estoy perdiéndome por no tomar este camino?

No siempre lo tenemos claro. Pero a estas alturas, un poco de idea nos podemos hacer. Nunca me he arrepentido de ir a entrenar, pero sí de no haber ido. Nunca me he arrepentido cuando lo he dado todo, pero sí de cuando me he quedado paralizado sin hacer nada por indecisión, por la famosa "parálisis por análisis".

Chikarada, yukida, shinenda.

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