Diario de Gor 08: Meditación
A colación del post anterior voy a hablar de mi experiencia con la meditación. El mensaje rápido que puedes sacar de lo que voy a contar es: La práctica diaria de la meditación es fundamental para que sirva de algo. Y ahora desgloso, como siempre.
Este tema lo abordé brevemente en mi primer blog "Contexto" donde comentaba cómo llegué hasta donde estoy ahora. Ahí hablé de que fue en Nanbudo cuando aprendí a meditar sin tener ni idea de que a eso se le llamaba meditar. Más adelante en el blog dedicado a Nanbudo me extendí sobre lo que había significado para mí, pero hoy quería centrarme en el concepto de meditación que, inevitablemente, tengo vinculado a este arte marcial.
Antes de iniciar la clase y después de terminarla, nos poníamos todos de rodillas durante unos minutitos, con los ojos cerrados, normalmente mi Sensei, Sergio, recitaba el mantra que pongo en todos mis post "Chikarada, yukida, shinenda" y luego lo repetíamos todos al unísono. Otras veces solo estábamos un rato en silencio. Y otras nos contaba algún relato. Recuerdo con cariño aquella época.
La clase estaba planteada así porque en los minutos iniciales de ojos cerrados podíamos aparcar los problemas que teníamos y centrarnos en el presente, en lo que iba a tocar en la clase de hoy. Y al terminar la clase lo hacíamos también para integrar lo aprendido: repasar mentalmente la clase, lo que habíamos fallado, cómo nos había salido tal técnica, visualizarnos haciendo el kata... Y, te diría, que casi en un 100% de las veces que he ido a clase me he sentido muchísimo mejor al salir. No solo por la práctica deportiva, sino por todo lo integrado con las micromeditaciones y la forma de transmitir de Sergio.
Con 18 años recuerdo tener ciertas crisis que me sucedían cada mes. Me venían muchísimas emociones que me descolocaban. No sabía si tenía que salir a pasear o ponerme a llorar o dejar que saliese la rabia o qué tenía que hacer. Nada funcionaba, cada mes, sin falta algo empezó a pasarme factura y no sabía qué era. La tormenta pasaba y yo seguía como si nada, pero siempre volvía esa sensación. Siempre.
Desde el punto de vista actual sé que eso era lo más parecido a un ataque de ansiedad que yo había vivido. Cada uno lo experimentará a su modo, en mi caso se manifestaba así como he relatado. En mi caso, tuve que ponerme a pensar mucho sobre mi problema. Algo estaba pasando para que toda esta mierda saliese a rebosar una y otra vez. Y empecé a hilar cosas.
Me fui dando cuenta de que en el instituto me callaba muchas cosas que me hacían algunos abusones, nada tan grave como pasa en las películas, pero lo suficiente para crisparme y obligarme a mí mismo a plantarles cara. Había tenido ciertos logros en el pasado, pero siempre me forzaban a cabrearme de verdad para tomar acción y poner las cosas en su sitio. Muchas veces pasaba del tema pero por dentro me pasaba factura. Esa factura es precisamente la que me estaba generando ansiedad. Tuve que realizar todo un trabajo de instrospección para darme cuenta.
Cuando lo entendí, las crisis se superaron solas. Y cada cierto tiempo que me iba dejando llevar por las circunstancias, notaba como esa sensación de angustia volvía a surgir y antes de que llegase a como estaba antes era capaz de pararme a pensar y solventarlo en mi fuero interno para luego tomar acción.
Muchas veces no podía pensar con claridad, así que, para que todo eso funcionase empecé a meditar sin saberlo. Me relajaba para pensar mejor. Me apuntaba los problemas y los aplazaba porque sabía que en ese momento no iba a solventar nada.
Con el tiempo fui desarrollando mi propia línea de meditación, que más tarde he visto que se trata como "energías del cuerpo" o cosas así más esotéricas, pero lo que yo he experimentado no guarda relación con eso, al menos, no como yo lo percibo.
Otra objeción a la hora de meditar es que si lo haces sin ninguna guía o una buena introspección que te haya llevado a ello de forma natural puedes acabar de nuevo mucho peor que antes de meditar. Te viene toda la mierda y no tienes ninguna herramienta para afrontarla. Simplemente te pones a llorar y te maldices por meditar solo por FOMO o porque lo ha dicho alguien que parece saber más que tú sobre tu propio cuerpo y mente.
Mi guía a la hora de meditar se basa en la observación: como si fuese un espectador de mí mismo, de mis propias emociones y de mi propio cuerpo. Y observar algo sin modificarlo es imposible, pero podemos acercarnos a ello. A continuación cuento ejemplo de cómo medito yo:
Mi meditación suele consistir en tumbarme. Sí, como si me fuera a dormir. Porque para mí es la postura más cómoda y así tengo menos distracciones. Luego voy centrando mis pensamientos en visualizar mi cuerpo. Y empiezo a sentir cada parte del cuerpo. Un cosquilleo en los pies, el latido del corazón, un eco en la tripa, si algo me pica... Y voy ahondando, me quiero rascar, pero no lo hago. Suele venirme la rabia a la mente. Y me permito sentirla. Me permito sentir las emociones y que me ardan por dentro. También empiezo a notar calor. Sobre todo si decido que quiero moverme pero finalmente no me muevo. Noto como se me calienta ligeramente la mano porque quiero moverla pero no actúo. Y, deduzco, que eso es mi sangre, pasando con más fluidez por esa zona porque se requiere ahí. En vez de hablar de energías hablo de algo más palpable, más terrenal. Cuando he terminado de "jugar con mi sangre" diciéndole al cerebro que mueva esta parte del cuerpo o esta otra y visualizando hacerlo pero finalmente sin hacerlo ocurre algo. Al cabo de un rato noto el corazón bombeando sangre con mucha más intensidad. Pero mi pulso no se ha acelerado, mis latidos son los mismos. Solo que me vuelvo mucho más consciente. La sensación la asemejo a cuando has terminado de correr un sprint que te "palpita" todo el cuerpo, que notas el corazón por la boca y los pulmones echando fuego. La parte de los pulmones, no. Pero todo lo demás de cómo siento el corazón en ese momento se asemeja a como lo siento en una de estas meditaciones.
Una vez me he divertido conmigo mismo, habiendo entrado en un estado más relajado y consciente de mí mismo, me permito pensar en problemas. Y los abordo desde otro prisma. Pero para llegar a ese punto he tenido que practicar muchas veces antes. Al principio cuesta más, con el tiempo se alcanza antes esa sensación.
Hablando de esto con algunas personas, me dicen que solo hacen algo de meditación para calmarse cuando tienen mucho estrés y con eso van tirando. Y no digo que eso esté mal o que no sirva para nada. Porque afirmar eso, con tal rotundidad significa echar por tierra procesos mentales que SÍ son útiles y que SÍ llevan a un bienestar mayor. Que yo haya comprobado que hacer introspección tras una buena meditación puede ayudarme mucho más no significa que solo hacer una meditación de relajación no sirva. Claro que sirve. Todo suma. Por mucho que yo pueda pensar: vale, te has relajado pero no has pensado sobre el problema y se volverá a repetir. Bueno, eso es otro tema. Pero para salir del paso le funciona a esa persona hacerlo así. Y aún te digo más, si se pusiera a pensar sobre sus problemas igual se le vendría el mundo encima en ese momento.
Según cómo, en la meditación nos vienen muchos recuerdos y emociones desbordantes. Cuando se murieron mis abuelos estuve mucho tiempo sin sentir amor en la meditación. Porque esto es algo que no te he contado: Tras todas las capas emocionales que van surgiendo en la meditación, aparece una sensación de amor, de estar más en paz contigo mismo, de estar conectado. Pero, cuando tuve ese vacío tremendo por la pérdida de dos seres queridos en poco tiempo me costó muchos meses volver a sentir ese amor genuíno que nace de dentro. Me dan escalofríos de contarlo. Pero qué liberador es.
Si sigues este camino tendrás épocas que meditarás más y lo usarás a tu favor cuando estés en una sala de espera o notes que te estás calentando en una discusión. Con el tiempo se van viendo los casos donde poder aplicarlo de forma más rápida gracias a la práctica diaria. Y, puede pasar, que con el tiempo dejes de meditar porque "ya controlas" y es, en ese tiempo, cuando te vas dejando, como con el deporte y van resurgiendo antiguas dinámicas de pensamiento que no te gustaban nada. Antiguas cosas que ya superaste y que cada vez que se presentaba el problema sabías cómo hacerle frente. Pero ahora no, porque ya te has olvidado de ti mismo, de los límites que te pusiste y del patrón de conducta aprendido que usaste para sobrevivir y/o empezar a vivir mejor. Y ahí es cuando te das cuenta de que tienes que volver a meditar y seguir tus propios hábitos. Al menos, así lo he vivido yo. Y se nota.
Chikarada, yukida, shinenda.
Comentarios
Publicar un comentario