Hilo conductor

Qué vegüenza salir a correr. Qué vergüenza avanzar por la sala de máquinas del gimnasio. Qué vergüenza plasmar emociones y qué miedo enfrentarse a ellas.
 
Miedo. Eso es.

Pero yo tengo necesidades. La de veces que me he paralizado por el miedo y la de veces que por necesidad he salido adelante.

Necesidad.

¿De dónde surgen las ganas de hacer cosas? ¿Cuál es el límite que nos ponemos a nosotros mismos para decir: «lo necesito»? ¿Nace ahí el amor propio? ¿Si sientes que no vales nada vas a sentir la necesidad de expresarte o vas a cumplir tu rol de pasar desapercibido y hacerte de menos? No vales nada.

Valoración.

¿De dónde viene la valoración? He leído muchas veces «quiérete tú porque nadie lo hará por ti» o «¿Si tú no te quieres quién te va a querer?»; pero, para mí, la valoración interna y nuestra forma de ver las cosas depende mucho de nuestro entorno. Nadie habla del camino para quererse a uno mismo, cada uno se apaña como puede. Sueltan la frase de quererse a uno mismo pero no cuentan de donde nace ese amor.

Amor.

El amor se construye. ¿Si no te han enseñado a quererte cómo vas a quererte bien? ¿Cómo vas a tener el criterio necesario para aceptar a quién dejas entrar a tu vida? ¿Si nadie te enseña a entrenar o a comer bien cómo vas a hacerlo por ti mismo? Me muevo entre la prueba y el error, claro, pero cuando me han enseñado con su ejemplo y con su amor, he adquirido la guía necesaria para tomar mejores decisiones. 

Criterio.

Mirad, desde que aprendí las bases del entrenamiento y nutrición con Fuertafit he entendido qué funciona y qué no. He entendido quién vende humo, qué es clickbait y cuál es la esencia que hace avanzar de verdad. Lo mismo pasa cuando he recibido el cariño de mi familia y amistades. Te hacen sentir valorado, te empoderan y eso te lleva a más amor propio y más capacidad de decisión sobre quién quieres en tu vida y qué quieres hacer en ella. Con amor he tomado mejores decisiones. Para mí, quererme implica cuidarme. Porque cuando quiero a alguien, me esfuerzo por cuidarle. Y, pienso, que la forma que tengo de querer a los demás debo aplicármela a mí también. A veces, me he esforzado por cuidar a otros descuidándome yo, eso me ha pasado cuando no me he sentido nada importante, cuando me he sentido muy pequeño, cuando solo buscaba validación ajena. Al final, me acabé consumiendo. ¿Resuena contigo? Sin embargo, cuando me he esforzado por cuidarme, desde el cariño, he podido luego aportar más. Porque damos lo que llevamos dentro. Es ahí donde me pongo límites, porque no quiero volver a descuidarme.

Límites.

Para mí, los límites me han salvado. Saber decirme a mí mismo: No quiero volver a estar tan mal. No quiero volver a dejarme ir a la deriva. Y si pasa, quiero darme cuenta a tiempo para enderezarme de nuevo. También quiero repetir los hábitos que sé que me hacen bien. Quiero retomar los que me hacían feliz, como escribir. Y cuando esto pasa, también pongo límites a los demás. Porque me valoro, por qué sé quién me hace mejor persona y quién me perjudica. Y eso me lleva a la siguiente pregunta: ¿De quién acepto críticas?

Críticas.

Al exponernos, nos jugamos la piel. Todo el mundo sabe que en las redes sociales nos exponemos a las críticas. Pero yo abogo por la pregunta: ¿Tener un arma te da la potestad de usarla contra otros por placer? Resuena la frase «Damos lo que llevamos dentro». ¿De quién aceptamos el amor que creemos merecer? ¿De quién aceptamos las críticas? ¿Cuánto paternalismo puede encerrar un comentario de alguien que realmente no se juega la piel? Esto me conduce a los filtros.

Filtros.

¿Esa persona que está comentando me conoce de algo o solo es un random que ha visto una minúscula parte de mí sesgada bajo su forma de ver las cosas? ¿Esa persona se está jugando la piel con su comentario poniendo su nombre real o es un anónimo o cuenta creada hace pocos días? Para mí, la frase «que no te importen las opiniones ajenas» carece de sentido, porque, de nuevo, no enseñan cómo se hace eso. Es muy fácil decir «que todo te resbale», pero no somos piedras. Hay personas detrás de cada creador de contenido, detrás de cada comentario. Y esto lo puedo llevar a la alimentación también: «No comas ultraprocesados que es perjudicial para la salud», pues muy bien pero si me da un bajón igual recurro a ellos. Si me da un bajón, igual escucho esas opiniones ajenas que quieren herirme. Si me da un bajón, igual pierdo el norte, pierdo mis filtros, acepto críticas que no debería, rompo mis propios límites y me acabo hundiendo más. Claro que nos afecta el entorno. Y, para mí, la clave no es tanto centrarme en todo lo que no debo comer o en las críticas negativas, sino poner foco en lo que me hace bien.

Foco.

Si me centro en comer más proteína en cada comida iré desplazando poco a poco alimentos más calóricos que no aportan nutrientes porque ya me sentiré saciado. Lo mismo pasa cuando construyo amor propio a base de hábitos, que al centrarme en cuidarme tengo más claridad mental y estoy tan ocupado construyendo, que no me preocupo de mirar lo que intenta destruirme. Elijo invertir mi tiempo en lo que me hace bien y mi mente trabaja en eso en vez de estar rumiando con pensamientos intrusivos o comentarios de haters. Me centro más en entrenar porque necesito cuidarme que en pensar quién me estará mirando o qué pensarán de mí los gymbros. Aunque, tal como yo lo veo, alguien que ya ha recorrido un camino, valora cuando otros lo están recorriendo. Alguien verdaderamente grande nunca te hará sentir pequeño. Quienes intentan minimizar a otros es porque por dentro se sienten vacíos y en vez de poner el foco en crecer y en llenarse de vida, prefieren aplanar a los demás para sentir que mal de muchos será su consuelo. Esto me lleva al contexto.

Contexto.

Por mucho que a todos nos gusten los likes o las palabras amables, siempre tengo en cuenta el contexto. Si esa persona apenas me conoce y me pone un comentario positivo, lo agradezco. Claro. Pero voy a dar más importancia a alguien que sí conoce todo o la mayoría de mi contexto. A más contexto, más valor. Y lo mismo me pasa cuando yo, como usuario, veo cuentas de gente fitness o influencers o de personas más cercanas. ¿Qué sé realmente de todos ellos? De la mayoría, solo sé lo que muestran. Todo por lo que han sufrido o lo que les ha sido regalado lo desconozco. Todo el amor o los traumas que han recibido son ajenos a mí. No conozco su lucha y aún así he tenido esa tendencia de compararme con personas que tienen un contexto totalmente diferente al mío.

Conclusión:
Sé amable contigo mismo y los demás, pon los límites necesarios y cuídate para cuidar.
Te lo digo a ti, que me lees. Pero en realidad me lo repito a mí mismo. Puesto que, cuando me dé un bajón, necesitaré releerme para verme con buenos ojos de nuevo. Mi miedo a exponerme escribiendo se desvanece cuando confío en quién soy y mi propósito. La valentía nace del amor. Gracias a las personas que me validan, gracias a las que inspiran, gracias a mí mismo por atenderme.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Diario de Gor 03: Fuerza.

Diario de Gor 01: Contexto.

Migas de pan