Migas de pan

Llega un momento que me abrumo con todo lo que tengo por hacer: que si entreno de fuerza, pero también cardio, pero también movilidad, pero también la alimentación y combinarlo con los hobbies que tengo pendientes y las formaciones a las que me he apuntado... En ese instante suelo decir: basta. Reseteo, me miro dentro y pienso: Céntrate, Gor, ¿por dónde empezamos? ¿Cuáles son los básicos que quieres seguir? ¿Escribimos un rato para ordenar las ideas y luego vamos aplicando de nuevo la base y vamos viendo cómo reaccionamos en base al esfuerzo aplicado?
Llevo días dándole vueltas a que debido a todo esto que queremos hacer, nos quedamos al final scrolleando porque "no tenemos tiempo". No hay tiempo para construir algo a largo plazo. Nos abrumamos con todo lo que deberíamos hacer correctamente y acabamos por no hacer nada y pagando la frustración con dopamina rápida. Luego nos sentimos vacíos, claro. 

Me siento vacío cuando no me siento realizado.

Y entonces le doy la vuelta: ¿Cómo me sentiría realizado? Y me respondo de nuevo: Siguiendo los básicos. Siguiendo el norte que me voy dejando con migas de pan. Somos aquello que repetimos una y otra vez; lo demás es aire. Y si echo la vista atrás, no me está gustando cómo soy, pero si soy verdaderamente justo conmigo mismo, comprenderé que he estado enfermo y la enfermedad me ha llevado a más inactividad. Debo entonces ser compasivo conmigo mismo al entender que he estado sufriendo y, por consecuencia, entender que estaba haciendo entre menos y nada esta semana pasada. Pero no es "nada", la realidad es que me estaba recuperando. Ahí ponía las energías.

Punto y aparte, ahora toca ponerse de nuevo manos a la obra. Volver a testear límites, dolores del cuerpo, márgenes de error entre los que poder moverme: ¿Cuántos pasos puedo dar sin dolor? ¿Cómo me siento al día siguiente? ¿Cuánta bici estática puedo hacer? ¿Vuelvo al entrenamiento de cadera? ¿Vuelvo a hacer ejercicios de tren superior pese a saber que el tren inferior debo cuidarlo de otra manera? 

Sé que es el camino, aunque me cuesta muchísimo ahora que la adherencia brilla por su ausencia. Qué fácil es decir ahora que antes lo tenía todo hecho: me gustaba body combat, me gustaba saltar, me gustaba... me gusta. De hecho, me gusta. Pero no debo hacerlo sino quiero empeorar mi estado más aún. Y por eso la adherencia se torna un (casi) imposible. Y me toca luchar. Luchar contra un presente de artrosis en el que para llegar a donde estaba antes debo sufrir más. Ejemplo: Es mucho más fácil no tener chocolate en casa que saber que lo tienes ahí al alcance de la mano y no pillarlo. Pues con las cosas que nos gustan pasa lo mismo: Cuando encuentras un deporte que te flipa, se genera una adherencia brutal y todo lo demás se hace más llevadero, porque cuanto más mejores en todo lo demás, mejor harás ese deporte que tanto te gusta. Es una locomotora en marcha. Y qué dificil se torna todo ahora que me falta esa locomotora, ahora que mis caderas no son lo que eran.

¿Pero qué me queda sino luchar? Luego lo agradeceré. Siempre lo hago. Siempre me agradezco haber luchado. Pese al dolor que me nubla.

Es más, hay momentos donde aplico eso de "todo es aprendizaje". Aplico, por ejemplo, no encender el aire acondicionado en el coche, porque solo voy a pasar 10 minutos de calor puntual y así aprendo a tolerar mejor el calor. Aplico, por ejemplo, a ir de manga corta con 11 grados mientras hago un paseo de media hora, porque solo es un estresor puntual, el frío en este caso, el que aprendo a tolerar, sabiendo que tengo una chaqueta que me puedo poner cuando quiera. Me gusta aplicar momentos de incomodidad, como cuando me ha dado por hacer ayunos de 12-14 horitas, que no es para tanto, pero me enseña a no ponerme de mal humor si un día, por lo que fuera, no puedo comer a mi hora o los planes cambian de golpe.

Luego recuerdo que debo hablarme bien, recordarme los logros, recordarme por qué empecé, recordarme mi propio contexto. Muchas veces hago cosas que luego doy por sentadas y cuando me paro a escribirlas digo: joder, hago mucho más que la movida que me estoy montando en la cabeza. Soy más capaz y tengo más valor que el discurso derrotista y victimista que repite mi cabeza cuando me despisto.

Ahora estoy trabajando en que "si todo es aprendizaje" debería aprender también a moverme hasta donde el cuerpo me permita. Entender el dolor como un límite natural, no como un fracaso. Ajustar la carga de ejercicio en base a mis sensaciones corporales. Eliminar comparaciones sin el contexto adecuado. De qué me sirve compararme con mi "yo" pasado, si él no tenía dolor de cadera. Soy otra persona distinta. Ya no sirven varias herramientas que antes sí. Pero aún me quedan otro mogollón de herramientas que había dejado en el cajón porque las daba por sentado, porque no me eran tan útiles como ahora. Todo cambia y nosotros también. El tema es actuar en consecuencia o quedarme anclado a un pasado que no existe, ni tiene sentido para mi situación actual. Foco en el ahora, en el trabajo diario. No sé qué resultados voy a tener, pero sé que estaré en paz conmigo mismo si hago lo que siento que es correcto, si doy lo que puedo dar en base a mis circunstancias. Sé que me sentiré mejor solo por el hecho de luchar: de no ceder ante esto, de forjarme el carácter. ¿Qué me queda si no?

Estas son mis migas de pan: los pensamientos a los que recurrir cuando el dolor y el abatimiento me vuelvan a negar el norte. ¿Cuál es tu norte? ¿Te dejas migas de pan también? Te leo.

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